Poco antes de la medianoche del 14 de abril, los pasajeros
disfrutaban de una agradable, aunque fría, noche abordo. No había
viento, el mar estaba en calma y el cielo estrellado, aunque sin luna,
iluminaba suavemente el océano.
Fue entonces cuando los vigías avistaron un enorme iceberg que se
desplazaba a la deriva, en dirección al Titanic… El Primer Oficial,
William Murdoch, ordenó al instante virar el sentido de la marcha, para
frenar el barco, pero, pese a sus esfuerzos, no pudo evitar que la banda
de estribor fuese rasgada por la enorme masa de hielo.
Tras un estudio de la situación realizado por el ingeniero
constructor del Titanic, Thomas Andrews, el capitán fue informado de la
gravedad del accidente: el Titanic se hundía y nadie podía hacer para
evitarlo.

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